¡Calma lectores!, estará ocupado un buen rato este lobo, pueden estar tranquilos. ¿Cuántas veces repetimos estas palabras durante nuestra infancia? De la respuesta del lobo feroz dependía nuestra reacción. Podíamos salir corriendo despavoridos ante la amenaza de la fiera o continuar la ronda hasta una nueva pregunta. Cándido e inocuo juego infantil[1].
Siguiendo con los recuerdos de la infancia – las Kinderszenen de Schumann -, también podríamos haber titulado esta presentación “Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes!” o ¡Soplaré y soplaré y la casita derribaré! Quién no escuchó, leyó o vio alguna versión de la “Caperucita Roja” o de “Los tres cerditos” . Probablemente, no tan conocido como estos cuentos populares es el hermoso poema, y fábula a la vez, “Los motivos del lobo” de Rubén Darío . Bien es conocido por todos el valor educativo de estas obras que son parte del acervo cultural de la humanidad.
Quisiera dar un salto hasta la etapa de nuestra juventud y recordar una memorable obra de la literatura universal: Der Steppenwolf (“El lobo estepario”), retrato de las angustias y temores del hombre contemporáneo, del conflicto entre el espíritu y la civilización material. La confrontación entre civilización y barbarie llevada a nuestro interior.
Todos somos, en mayor o menor medida, un Harry Haller, modelo de la lucha entre esas dos almas, esas dos personalidades que tenemos dentro. Prototipo universal de ese conflicto interno natural a cada ser humano, donde se confrontan esas dos almas, esas dos personalidades. El yin y el yang de la filosofía oriental, o el ello y el superyó del psicoanálisis freudiano.
Así, podríamos seguir mencionando tantos relatos, poemas, canciones, mitos, leyendas, juegos y demás manifestaciones culturales que tienen al lobo como protagonista. Cada una de estas manifestaciones ha contribuido a que la figura del lobo esté cargada de significados para nuestra cultura. Lo hasta ahora mencionado, nos parecen argumentos más que suficientes para justificar la adopción de la metáfora del lobo estepario como nombre de este weblog.
El lobo arquetipo del enemigo, de aquel que acecha en la oscuridad del bosque fuera de los limes de lo civilizado, es a la vez una alegoría de nuestra propia existencia en la obra hessiana. Él representa nuestros sueños e ideales, nuestros miedos y errores. Este lobo que recorrerá las “webestepas”, como todo buen vástago, es en parte un reflejo del ser de su autor y su factótum en el ciberespacio.
[1] Nuestros primeros aprendizajes surgen en los juegos y a lo largo de nuestra existencia continuamos aprendiendo a través de ellos. Muchos pensadores y escritores han analizado la faceta lúdica del ser humano y su importancia cultural. Por ejemplo, el historiador Johan Huizinga y su ya clásico “Homo Ludens”.







